TODOS SOMOS CREADORES

Casa de muñecasMi abuelo materno fue uno de esos hombres que sabía un poco de todo. En su pueblo se ganaba la vida como diseñador, traductor, abogado, o cualquier otra ocupación digna, pero creativa.

Lamentablemente no tuve el placer de convivir con él pues falleció cuando yo tenía unos ocho años de edad, pero alcancé a conocerlo en vida y hasta visité su última vivienda donde había objetos fabulosos como; montones de lápices de colores clasificados por familias cromáticas, hojas de papel en diferentes grosores y colores, una pequeña guitarra de diez cuerdas, libretas y agendas con diferentes textos de su autoría, además de colecciones de citas muy valiosas.
Después de su muerte, muchos de los tesoros que él coleccionaba fueron a dar a la basura, entre ellos recortes de revistas, pedazos de madera, planos y montones de etiquetas de leche recicladas y perfectamente apiladas en bloques, donde también imprimía sus inspiraciones literarias, espirituales, artísticas y hasta proféticas.

Siempre pensé que mi interés por las habilidades artísticas se debían a la herencia de mi familia materna exclusivamente, pues no conocía, según yo, un historial de perfiles “creativos” en la familia de mi padre. Y es que cuando escuchamos la palabra creatividad generalmente la relacionamos con el dibujo, la pintura, la música y otras actividades que todos llegamos a practicar cuando éramos niños. En una ocasión alguien se refirió a mi papá como una persona creativa; en fracción de segundos quise imaginarlo con un pincel de artista, con unas tijeras o moldeando plastilina, pero en su lugar vino a mi mente el hombre que es, utilizando siempre martillos, serruchos y destornilladores. Tuvieron que pasar algunos años para que yo lograra apreciar la naturaleza creativa de mi padre, cuando vi que desmanteló un viejo remolque, para reciclar el aluminio y los diferentes componentes del viejo camper. Construyó con esos materiales una casa de muñecas para sus nietas, ubicando cuidadosamente las puertas y ventanas en una disposición estética y proporcionada, diseñó el techo con madera, le adaptó un pedazo de mesa como ornamento y al final le instaló un pequeño aire acondicionado. Entonces recordé aquellos carros de madera que fabricaba con nosotros y para nosotros. Todos eran funcionales, duraderos, divertidos, pero sobre todo, eran únicos, de diseño propio, eran creativos. El día de hoy mi papá sigue siendo un inquieto e incansable creador; desde la invención de una tabla de planchado que se esconde cuando no se utiliza, la construcción de un pequeño complejo habitacional para una familia de gallinas y pollitos, la fabricación de una casa sobre el árbol para guardar herramientas, la preparación de gráficas hechas a mano para ilustrar sus sermones en pequeñas iglesias de ranchos y poblados, o simplemente la preparación de un desayuno atractivo para sus nietos.

Como seres humanos hemos sido creados a la imagen de Dios, con la capacidad de “crear”, de dar vida a nuevos objetos.

La solución de problemas con los recursos a nuestro alcance y las cosas simples que ocurren día a día en cualquier hogar, en cualquier cocina, en cualquier taller mecánico, en cualquier jardín, son evidencias de nuestro poder creativo. Aunque nosotros no somos Creadores, todos somos creadores; regalo que recibimos de nuestro Creador.

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